15 junio 2012

CELEBRAR COMO ES BEBIDO

La noche del jueves 14 de junio último fue ocasión de reiterados brindis: formalizamos la nunca del todo cierta despedida de Edgardo Martín Gelós del grupo que supo fatigar durante más de una década, entonamos el Feliz Cumple a Mabel Fredes, hubo un choque de copas de buen augurio al descoordinador por su inminente viaje, y sobre la cálida mesa del restaurante 'Desde el alma' discurrieron platos finamente urdidos, humoradas un poco menos finas, bebidas que inflamaron algunos ánimos y al final mucho aplauso, risotada y algún lagrimón. Una trasnoche más donde se escribe parte importante de la historia de El Aleph.
Sarita siempre fue una de las más cómplices del Patriarca (estos chicos...)
Ana. Vino para leer. Siguió con chistes. Pero se tomó todo en serio.



Joven K: Yolanda marcha al frente para la victoria literaria, con Mr. Costner
Mabel Fré: A ver cuándo echan al próximo así organizamos otra despedida...
Patriarca sonriendo con cara de: ¿A cuál de éstas me llevo a casa?
¡Dame tres! (Cuánto tenemos que aprender de nuestros mayores...)
¡Un  sino fatal y malhadado hizo que tuviéramos que escuchar este soneto!
Grande entre los grandes: el Tito Meloni prestigia y gagliardiza la reunión
Vista aérea de la sobremesa (los que no se ven están abajo...)
La reverencia de Tito, el agradecimiento del Patriarca y los aplausos de todos.
Arriba desde la izquierda: cumpleañera Mabel Fré y Ana María (muy copada), Walter y Edgardo sosteniendo bandera y sostenidos por columna, y Meloni nostálgico porque le primerearon la botella de tinto sobrante. Abajo desde la izquierda: Mr. Kevin Costner (guardaespaldas italiano de Yolanda), la poetisa K (porque anda con Kevin), Alejandra, Claudia y Sarita mimando al Patriarca, y por fin EL, que en conmemoración de sus once años en El Aleph se trajo el mismo pulóver de aquel primer día de clases. ¡MUCHAS GRACIAS, TALLERISTA y AMIGO INDELEBLE!

13 junio 2012

DÍA DEL ESCRITOR EN ARGENTINA

Explorando su biblioteca íntima, bajo vigilancia de María Kodama, pude ver la piel amarilla y venearble de esos libros que leía Jorge Luis Borges, sostenerlos como a criaturas de otra dimensión, y descifrar la letra firme y vacilante a la vez del Sumo Ciego cuando aún podía tomar notas en los márgenes, y apuntaba emociones, juicios, alguna idea para futuros escritos. Aquello era toda una metáfora de la pasión: el fervor de un hombre por su oficio. Ahí, respirando los aerosoles franceses que cuidan del polvillo y de la luz esta herencia de todos, me pareció escuchar la voz del Maestro: y confirmé que no era falsa modestia cuando expresaba más orgullo por lo que leyó que por lo que había escrito. Moraleja: si queremos ser mejores escritores, leamos más.